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¿QUÉ ES Y PARA QUÉ SIRVE LA SINERGOLOGÍA?

La Sinergología es la disciplina dentro del campo de la comunicación, que analiza, interpreta y codifica el Lenguaje no verbal no consciente. Creada por Philippe Turchet en los años 80, la etimología del término, Sun, estar juntos, Ergo, activamente, Logos, en comunicación, nos ilustra sobre su propósito y rango de intervención: una herramienta validada con métodos científicos orientada a mejorar la calidad de la comunicación y a relaciones más transparentes.

Ya Merhabian demostró, en su famosa proposición, el peso del lenguaje no verbal en la comunicación: el 7 % del impacto de un mensaje se debe al lenguaje verbal, a las palabras, el 38% al paralenguaje (entonación, volumen, dicción) y el 55% a la comunicación no verbal. Y aunque esta proposición tenga sus excepciones, es un hito más dentro de la tradición de investigaciones en este campo (junto a otros autores como Desmond Morris, Edward Hall, Ray Birdhwhistell, Gregory Bateson o Paul Ekman), que pone en el centro del acto comunicativo el hecho de no somos lo que mostramos, que nuestro cuerpo comunica mucho más de lo que pensamos, y que la parte más importante de nuestra comunicación es no consciente.

   La Sinergología aporta una doble sistematicidad a esta observación y análisis de lo no verbal. Por un lado porque todos los gestos, actitudes corporales, reacciones o micropicores (por apuntar algunos de sus rangos de observación) están validados estadísticamente y tabulados en un sistema de etiquetado universal (con alrededor de 2800 entradas), que al modo de las tablas periódicas de la química, permite sistematizar la comunicación entre sinergólogos y dota de objetividad a la observación. En segundo lugar, porque establece un protocolo de observación desde tres miradas: la Statua, que es una observación general sobre la corporalidad de la persona, y que nos da información sobre su biografía corporal; La Actitud Interior, donde observamos ítems que dan cuenta del estado emocional y de los ánimos expresados; y los Micromovimientos, la mirada de detalle, donde observamos, las emociones no expresadas, la parte más pulsional de la comunicación.Y aunque un sinergólogo es capaz de observar hasta 20 ítems a la vez, sólo podemos determinar en qué actitud está una persona observada, cuando al menos 8 ítems apuntan en un mismo sentido sinergológico.

tristeza

Con este enfoque podemos determinar actitudes de apertura o de cierre, ya que determinan aperturas o cierres psicológicos de nuestros interlocutores, o bien incongruencias entre lo dicho a través de las palabras y de los gestos. Todo ello nos permite comprender porqué el otro se abre a nuestro discurso o propuesta, o nos rechaza (aunque no lo diga).

¿A quién pueda interesar tener conocimientos de Sinergología? En el plano profesional, a vendedores o comerciales que quieran conocer el desarrollo de sus gestiones y valorar el interés, las dudas u objeciones de sus potenciales clientes. A negociadores, que necesiten aparte de las tácticas clásicas del método Harvard, tener un rango de observación sobre el estado anímico y motivacional de la otra parte en la negociación. A seleccionadores de personal, que deseen observar con sistematicidad las incongruencias u ocultamientos de información de los candidatos que maneje en sus procesos. Y por supuesto, a coaches, terapeutas y trabajadores sociales que necesiten empatizar y resonar con sus clientes en sus procesos de desarrollo o acompañamiento.

En el plano personal, a cualquier persona como tú, o como yo, que desea relaciones más transparentes, y conversaciones más eficaces. Casi nada…

fdo Patxi Rocha del Cura

Twitter: @innrocha

Facebook: Inn Rocha

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LA TRANSPARENCIA

Todos sabemos que cuando estamos inmersos en una relación personal o amistosa,  hay cosas que no decimos: son aspectos de nuestro pasado que por miedos, vergüenza o por lo que intuimos podría suponer en la otra persona,  guardamos para nosotros. Otras veces, son  circunstancias presentes, del día a día en la convivencia,  que elegimos no comentar porque decidimos quitarles valor o porque tememos la reacción del otro. En otras ocasiones son emociones que experimentamos y que por nuestra dificultad en mostrarlas quedan alojadas en nuestro interior; pueden ser miedo, enfado, tristeza, resentimiento. También sentimientos de ternura, simpatía y amor que aún siendo positivos los guardamos. Todas ellas forman parte de lo que solemos llamar mi parte privada o íntima,  ese cuadrante de la personalidad que no comparto con los demás.

Un aspecto diferencial de las relaciones personales consiste en hacer público para el otro aspectos de mí que no muestro al resto del mundo, hasta el punto de que utilizamos expresiones como “no tenemos secretos”,  “lo compartimos todo”, como formas de transmitir ese vuelco desde un espacio íntimo y personal a otro espacio bipersonal y privado: un terreno habitado por dos, en el cual podemos mostrarnos sin tapujos.

Como bien sabes, esto no siempre es así. A veces enseñar la intimidad puede resultar  tan atemorizante como el conflicto. En el devenir de la convivencia vamos generando pensamientos y experimentando emociones que decidimos no desvelar al otro. De hecho a veces tenemos otra u otras personas con las que hablamos de cosas que no conversamos con nuestros seres más cercanos. Decimos “con él / ella no puedo hablar de esto”. Y es posible que sea válido, y que incluso sea positivo tener un lugar de descompresión más allá de con quien compartimos nuestra vida. Sin embargo, esas cosas que no compartimos, y que  guardamos en nuestra esfera íntima, (y que se acumulan como sedimentos),  suelen ser muy a menudo el cultivo de lo que se denominan conversaciones pendientes”: he aquí al auténtico lastre de cualquier relación, nuestra bola de preso que nos permite seguir andando pero que cada vez, si no hacemos nada, va pesando más y más.

Creemos  que el tiempo lo cura todo. Que tampoco es cuestión de decir todo. Que no pasa nada. Que la convivencia desgasta. Que hay que ceder. Que es mejor callar ciertas cosas… Callar  evita la dificultad inmediata, pero no genera soluciones, y es altamente tóxico en sentido figurado (el resentimiento es la emoción de las conversaciones pendientes) y físico como apuntan muchas evidencias médicas.

Nos adherimos a esta bonita colección de explicaciones o subterfugios que no hacen sino ramificarse como una metástasis y contaminar el organismo de toda relación. Como las yedras en las paredes de una casa que hunden sus raíces en la fachada y amenazan la solidez de un edificio, las conversaciones pendientes van ocupando espacio en la relación para al final estrangular el cauce de nuestras comunicaciones.  Así pues podemos decir que:

“Las relaciones se deterioran o se rompen, no por lo que nos decimos sino por lo que no  nos decimos”. 

   Y aquí es donde reside la transparencia: esta  no hay que entenderla como el hecho de decirlo todo, sino de hacer público para el otro ese diálogo interno de todos aquellos pensamientos, sentimientos o conductas propios o sobre la otra parte, que puedan afectar a esa relación.

Transparencia es compartir aquello que tenga que ver con la convivencia con el otro.  Es avisar de dónde estoy emocionalmente. Es expresar aquéllo que une o desune. Es decir, lo agradable y lo desagradable. Es alinear mis valores con mis acciones y hacerlo saber.

Citando a Martin Luther King:Nuestras vidas van a llegar a su fin el día que guardemos silencio sobre las cosas que nos importan”.  

Fdo. Patxi Rocha del Cura

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