Auditoría de pareja

  El Diccionario de la Real Academia Española define  auditar comoexaminar la gestión económica de una entidad a fin de comprobar si se ajusta a lo establecido por ley o costumbre”.  Hoy en día las auditorías no sólo se aplican a la gestión económica sino también a otros muchos ámbitos  como la auditoría ambiental, la social, la jurídica o la informática. En todas ellas la finalidad es analizar y apreciar, con vistas a las eventuales acciones correctivas, el control interno de las organizaciones para garantizar la integridad de su patrimonio, la veracidad de su información y el mantenimiento de la eficacia de sus sistemas de gestión.

En el mundo de las relaciones de pareja rara vez nos planteamos un parón para evaluar si las reglas, las formas de convivencia, las tareas y las emociones que compartimos nos están sirviendo para la eficiencia que queremos que tenga nuestra relación. Decimos que el día a día nos come, que no hay tiempo, que mientras nos llevemos bien… Y ya sabemos que la explicación y la justificación del tiempo es la gran excusa, en realidad, decidimos priorizar y hacer otras cosas en primer lugar, estamos más comprometidos en otros frentes que en este.

No es porque no sepamos. De hecho estamos acostumbrados a auditar aspectos de nuestra vida cotidiana. Ejemplos:  hacemos un control y revisión de nuestros gastos;  decidimos si está siendo rentable la inversión de nuestros ahorros; pedimos presupuestos y  valoramos  ofertas si decidimos hacer una reforma en casa; comparamos entre los colegios o universidades a los que  queremos  que  vayan  nuestros hijos para recibir una educación adecuada….  pero ay!, no dejamos espacio para reflexionar sobre los aspectos que marcan la calidad de nuestra relación.

Sabemos,  como se dice coloquialmente, que de cuando en cuando, “conviene hacer un parón”, pero elegimos comprometernos más con la vorágine diaria y no dejamos espacio  para parar máquinas y ver con perspectiva si estamos viviendo como lo queremos hacer. Y esto es especialmente significativo en el caso de nuestras parejas: la persona con la que hemos elegido compartir parte o toda una vida, con la que dormimos o hacemos el amor, el padre o madre de nuestros hijos, la persona que sabe casi todo de nosotros, es con esa con la que a menudo menos  nos paramos a valorar si ese espacio emocional y vital que poseemos está siendo satisfactorio, o qué podemos cambiar, mejorar o desechar de lo que vivimos, sentimos y hacemos.

Damos por buenas las reglas y costumbres que implícita o explícitamente nos dimos en su día,  y olvidamos que vivir en pareja también es aprender: aprender es “soltar lo prendido”, dejar atrás aquello que nos sirvió pero que quizá ahora sea un lastre y adquirir nuevos hábitos o maneras de relacionarnos. Exactamente lo que hace una empresa cuando valora la eficiencia y calidad de sus procedimientos para ser más competitiva en el mercado.

Y una auditoría de pareja supone eso: agendar un espacio semestral o anual en el cual podamos revisar “la eficacia de nuestra gestión como pareja. Lo ideal sería contar con un tercero, una figura externa (coach) que como un auditor o facilitador, nos ayudara a  valorar  de forma sistemática en todos los contextos donde se juega la relación de una pareja la validez de nuestros hábitos. Pero si nos inclinamos por la autogestión de esta auditoría, damos las pautas para poderlo realizar sin la intervención de esa figura. Ponemos un ejemplo tomando como ejemplo lo que sería un fin de semana dedicado a esta finalidad:

  1. CONTEXTO: de entrada esta auditoría puede suponer para las parejas con hijos la gestión de estos durante los dos días o el fin de semana que puede durar el uso de esta herramienta. Merece la pena manejar esta posibilidad con familiares, amigos o pagando a alguien para que lo haga. Se trata de buscar un lugar apartado (un hotel, apartamento, casa rural, hay mucha oferta en este sentido). No se contempla la idea de dos días llenos de actividades (excursiones, paseos, visita de monumentos) sino de concentrarnos en el trabajo de la auditoría en un entorno que ayude a que estas conversaciones se propicien. Móviles desconectados con espacios para encenderlos cada x horas, por la prevención de que algo ocurra y estar localizables. Quizá la mejor época del año, sea noviembre (con vistas al año siguiente) o julio (si nos regimos por el calendario de un curso escolar).

 

  1. TEMPORALIZACION:

De entrada cada parte hace su trabajo individual (se explica cuál en el punto 3) , por ejemplo la mañana del sábado. Después de comer, se coteja y conversa el trabajo con la otra parte. La mañana del domingo se dedica a negociar acciones correctoras de lo que creamos que debe ser mejorado, y a agendarlas por meses o trimestres.

  1. ESQUEMA DE TRABAJO

Partimos de analizar la situación actual, para valorar lo que está funcionando y corregir aquellos que a ambas partes nos parezca ineficiente. Aviso: no va a haber acuerdo pleno, pero ya el hecho de conversar dos días es en sí muy beneficioso para la relación (a veces para darnos cuenta definitivamente que no funciona, esto también es ayudar a la relación).

Sugerimos ideas sobre las áreas en las que reflexionar primero   individualmente y luego con la otra parte:

  1. Área de pareja: cómo estás viviendo la relación, en qué estado emocional estás respecto del otro, conversaciones o feedbacks pendientes, reclamaciones y disculpas productivas, qué hay y qué falta, sexualidad…
  2. Área de hijos: valorar el propio comportamiento y el del otro respecto de cada hijo, debilidades y fortalezas desde mi punto de vista sobre cada uno, planes y cambios en educación, hábitos y aficiones, valorar sus amistades, relación con otros padres…
  3. Área de familia: percepciones sobre mi comportamiento con la familia de mi pareja, percepciones sobre el comportamiento de mi pareja con mi familia, conversaciones pendientes al respecto, reconocimientos, posibles cambios en las relaciones de ambos con las respectivas familias…
  4. Área de trabajo: vivencia actual del propio trabajo y del trabajo del otro, dificultades que genera en la relación desde tu punto de vista, reconocimientos, ajustes de pareja en función de horarios, exigencias del trabajo, mejora de la conciliación…
  5. Área de aficiones: valorar las aficiones compartidas, valorar las propias y las del otro, proponer cambios o mejoras…
  6. Área de amistades-relaciones sociales: valorar el círculo de amistades propias, del otro y las comunes, lo que posibilitan y dificultan…
  7. Área de organización: evaluar la coordinación en relación con el mantenimiento de la casa, finanzas, tareas, compras, horarios, hijos, trámites y gestión del tiempo compartido…

A estas áreas se puede añadir las que se deseen: la idea es tener un esquema de reflexión ordenado para ver sobre cada área:

-la situación actual

-la situación ideal

-lo que tengo que dejar, aprender o cambiar

-las acciones posibles

-el seguimiento y valoración de estas

¿A qué esperas para auditar tu relación?

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