Reparación de enfados

Sabes de qué te hablo. Surgen en el día a día por causas nimias o importantes. Te alteran, te entristecen, piensas “uno más”, se acumulan en el archivo de conversaciones pendientes, o decides quitarles importancia. Sin embargo, lo que hace o dice tu pareja no es la causa de tu enfado. Es el estímulo. Tú sientes lo que sientes ante un enfado con tu pareja, y esos sentimientos son el resultado de cómo interpretas lo que hace o dice el otro. Puedes encontrar aliados y cómplices que compartan contigo esa interpretación, pero eso no convierte a tu pareja en la causa de tu enfado. Detengámonos aquí brevemente, y dejémonos guiar por Marshall Rosenberg antes de ver que labores de reparación podemos acometer con los enfados.

Ante un enfado solemos optar por tres opciones: la primera es una reacción culposa, según la cual interpreto que no he actuado acorde a mis valores, asumiendo que yo soy la causa del conflicto y aceptando los juicios o recriminaciones del otro: esto atenta contra nuestra autoestima y el coste es alto, ya que nos sume en la autoflagelación.

La segunda reacción es culpar al otro:  desde esta posición, culpable, por definición, es el otro, supone echar balones fuera, declararme inocente, acumular rabia y resentimiento, y dar el poder y la responsabilidad al otro sobre lo que siento. La culpa es un mecanismo de control muy utilizado en la educación (cuando la madre dice al niño “si no comes mamá se va a poner muy triste”), y también como medio de coerción (“ya sabes que no duermo si no me llamas”). Socialmente hablamos con mucha frecuencia de que si siento lo que siento es por lo que otros hacen, pero nosotros siguiendo el magisterio de Rosenberg sabemos que lo que los demás hacen nunca es la causa de lo que sentimos.

La tercera vía ante un enfado es centrarme en mí: observar que tiene que ver con mis emociones y necesidades lo que el otro expresa: aquí acepto con mi Responsabilidad 100%,  lo que a mí me pasa con lo que tú haces, en lugar de culpar al otro, y como complemento de esta actitud, indago, en el mismo plano, qué emociones y necesidades del otro salen a escena por mor de  la situación que nos causa el enfado.

  Los juicios, las interpretaciones, críticas y diagnósticos que hacemos sobre el otro tiene una doble cara: revelan quiénes somos, hablan de nosotros más que sobre quien emito ese juicio. Si digo a mi pareja “eres un maleducado”, no sabré mucho sobre la persona juzgada, pero sí sobre cuál es el estándar y el modelo de educación que quien emite el juicio maneja. Maleducado no es una propiedad intrínseca de mi pareja, sino que refleja la insatisfacción que siento sobre sus modales, porque otra persona con distintos parámetros sobre la educación, le podría considerar alguien con maneras exquisitas partiendo de los mismos comportamientos.

Yendo más allá: todo juicio es la expresión de necesidades insatisfechas. “Eres un maleducado”, refleja mi necesidad no cubierta de ser respetado o considerado. El enfado busca culpar a otro de lo que me pasa: nosotros nos enfocamos en pensar, qué necesidad no está siendo atendida o siento que está siendo vulnerada partir de la interpretación que hago de la conducta del otro: si me quedo en la recriminación, el otro percibe crítica en mis palabras y se va a defender o contraatacar.

El enfado es lícito: sí, estás en tu derecho de enfadarte, por supuesto. Te diré más: el enfado es un regalo: nos ayuda a tomar conciencia dentro de la relación de amor con mi pareja sobre qué necesidad siento que está siendo desatendida o permanece insatisfecha: Detrás del enfado late una necesidad. Si en vez de hablar desde los juicios o desde la exposición de defectos, expreso mis necesidades, es más probable que pueda satisfacerlas.

¿Y qué necesidades solemos sentir desatendidas en los enfados con nuestra pareja?

  • Aceptación
  • Agradecimiento
  • Confianza
  • Respeto
  • Amor
  • Seguridad
  • Comprensión
  • Apoyo
  • Contacto físico

Así pues, la llave para encauzar un enfado es ver al otro no como causa, sino como estímulo que destapa o que interpreto atenta contra una necesidad propia insatisfecha. ¿Y qué pasos podemos recorrer para reparar nuestros enfados?

  1. Detenerse: tomar aire, contar hasta diez, como se dice en la sabiduría popular
  2. Tomar conciencia de nuestros pensamientos: qué pienso sobre mí y sobre el otro en ese momento, qué juicios e interpretaciones estoy haciendo sobre la situación.
  3. Bajar un escalón más hasta reconocer la necesidad que siento siendo vulnerada, desatendida o insatisfecha. La pregunta para ti es ¿qué es lo que necesito y no estoy teniendo? Así pensarás no en términos de juicos sino de necesidades insatisfechas.

Recuerda que, entre otras, en la pareja, suelen ser la necesidad de respeto, de reconocimiento, de aceptación, de sentirse amado… Por ejemplo: tu pareja deja su ropa tirada en el suelo del baño. La reacción inicial sería la de enfadarte, gritar o amonestarle, “Mira cómo lo dejas todo. Eres un desastre…”. Como sabes muchas personas pueden coincidir en ese juicio sobre el orden pero eso no le convierte a tu pareja en la causa de tu enfado: lo que ocurre en realidad es que ese comportamiento es un estímulo que despierta o atenta contra la necesidad de ser respetada y de reconocida en  tu trabajo dentro del reparto de tareas en casa. Y eso te duele.  En sí misma la ropa en el suelo es intrascendental, no tiene otra consecuencia que el desorden. Si digo “cuando veo que dejas la ropa tirada en el suelo, siento que no respetas mi trabajo en casa y eso me enfada y me duele…. Me gustaría saber para qué lo haces”, dejo de culpar  y acusar al otro para centrarme en mis propias necesidades e indagar el para qué o el porqué del comportamiento del otro.  Alguien dirá, nadie habla así: ya lo sé, estamos acostumbrados a culpar, recriminar al otro, pero ya sabes qué resultado te da esta opción: peleas eternas. Recuerda de nuevo al viejo Einstein: “es de locos pretender obtener resultados distintos haciendo, más de lo mismo”.

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